La ausencia de cine en Linares: un vacío cultural que duele
Hace años que, al
cruzar las plazas, las esquinas y las largas calles de Linares se nota un
silencio que no debería estar ahí: el silencio de un cine que ya no existe. En
una ciudad que palpita con identidad y cultura, la falta de un espacio
cinematográfico digno es una herida abierta que limita nuestra vida cultural y
social.
Lo más doloroso es que esto no siempre fue así. Varias décadas atrás, Linares
contaba con diversos espacios donde el cine era parte activa de la vida
comunitaria. Existía el cine de los padres capuchinos, el de los salesianos, el
de la Escuela de Artillería y, por supuesto, el emblemático Cine Teatro
Municipal. Eran lugares de encuentro, de formación y de asombro, donde
generaciones completas crecieron viendo películas, compartiendo emociones y
construyendo recuerdos colectivos.
Hoy, en cambio, la realidad es desoladora: no contamos con ninguna sala de cine
en funcionamiento. En una ciudad que ha crecido en población y que aspira a un
desarrollo integral, resulta incomprensible este retroceso cultural. El cine no
es solo entretenimiento; es una ventana al mundo, una herramienta educativa y
un espacio de reflexión que permite entender otras realidades y también
mirarnos a nosotros mismos.
Caminar por Linares sin la posibilidad de ver una película en pantalla grande
es como ir a la universidad sin libros o a una cancha de futbol sin pelota. Las
plataformas digitales han intentado llenar ese vacío, pero jamás reemplazarán
la experiencia colectiva del cine: la oscuridad compartida, el silencio
expectante, las risas y emociones que se viven en comunidad. Ese rito social
desapareció, y con él, una parte importante del alma urbana de la ciudad.
Más allá del espectáculo, un cine local podría volver a ser un punto de
encuentro intergeneracional. Jóvenes, adultos, estudiantes, familias y adultos
mayores tendrían un espacio común para acceder tanto al cine chileno como al
internacional, apoyar producciones regionales y fomentar el diálogo cultural
mediante festivales, foros y actividades educativas.
La falta de cine en Linares también habla de prioridades. Mientras otras
ciudades han invertido en infraestructura cultural, nosotros seguimos
postergando una discusión fundamental: ¿qué tipo de ciudad queremos ser? ¿Una
que renuncia a sus espacios culturales o una que entiende que la cultura es
desarrollo, identidad y futuro?
No podemos resignarnos. Recuperar el cine en Linares requiere voluntad
política, gestión comunitaria y una visión clara de ciudad. Autoridades,
emprendedores, artistas y ciudadanos debemos abrir un diálogo serio para
devolverle a Linares no solo una sala de cine, sino un espacio de encuentro,
educación y pertenencia.
Porque una ciudad que alguna vez tuvo varios cines y hoy no tiene ninguno, no
perdió solo edificios: perdió oportunidades. Y Linares merece recuperarlas.
Por Jorge Beltrán
Navarrete
Profesor y escritor
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